Sin banda sobre el escenario, las canciones adquieren otra dimensión. Aparecen los silencios, los matices y las texturas, mientras la interpretación y la presencia de Mateo toman un protagonismo especial. Es un formato que busca acortar la distancia con quienes están del otro lado y recuperar algo esencial: el encuentro alrededor de una canción.
Mateo Sujatovich parece estar solo sobre el escenario, pero la propuesta parte de otra idea: estar más cerca. Más cerca de las canciones, de sí mismo y de quienes las escuchan. Cada presentación abre espacio para lo espontáneo y lo emocional, para esos momentos que no pueden repetirse exactamente de la misma manera en cada ciudad.
“Puedo pasear por todos estos años mientras canto”, explica Mateo. Y esa frase resume buena parte del espíritu de la gira: mirar hacia atrás, recorrer las canciones conocidas y, al mismo tiempo, descubrirlas nuevamente.